¿Qué es el síndrome del nido vacío?

Cuando los hijos se van de casa muchos padres comienzan a extrañarlos hasta el punto de transformar la nostalgia en un síndrome conocido como "el nido vacío".

30 OCT 2017 · Lectura: min.

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¿Qué es el síndrome del nido vacío?

Tarde o temprano los hijos terminan yéndose del hogar para seguir su propio camino. Un proceso que aunque es natural, en algunos padres provoca un gran cambio en sus vidas, modificando sus esquemas e incluso provocándoles depresión, pues para ellos la casa se ve vacía, más grande o sin vida.

Los dormitorios están deshabitados, todo es más silencioso y en la mesa ya son solo dos. Cuando eso pasa, según los especialistas, se está bajo el síndrome del nido vacío. Una patología de la que muchos no son conscientes y que puede contar hasta con síntomas físicos.

Las principales afectadas, obviamente, son las madres, sobre todo cuando los hijos dejan la casa y sienten que sus vidas quedan vacías. De alguna forma, pierden esa razón por la que se levantaban en las mañanas o aquello por lo que debían preocuparse diariamente. Sin embargo, según los especialistas, no tiene por qué ser una etapa demasiado amenazante y el "síndrome del nido vacío" puede fácilmente transformarse en un "misión cumplida" que da paso a una nueva fase del matrimonio o pareja.

En el caso de los hombres o padres, esta nueva fase no es igualmente abrumante, porque estos de alguna u otra manera siguen con su ritmo de vida en esta sociedad estructurada de modo tal que la crianza siempre ha estado más ligada a las mamás. Como sea, lo importante es que cualquiera que desarrolle este síndrome tras la partida de los hijos debe tomar conciencia de lo inevitable que es el que estos crezcan y se vayan en búsqueda de sus propias familias, proyectos, etc.

Por supuesto, también hay que tener claro que, como todo en la vida, se necesita de tiempo para lograr la adaptación y que también es normal sentir, en un primer momento, tristeza o nostalgia.

Y poder salir de este síndrome no es imposible si es que se toma una nueva actitud y se reflexiona sobre esta etapa:

  • Considerar la fase como una liberación o premio a todo el esfuerzo de la crianza, considerando que ahora se tendrá más tiempo libre para avocarse a nuevas actividades o aficiones dejadas de lado, por ejemplo.
  • Recuperar los espacios de pareja, volver a poner el énfasis en la relación e ir organizando actividades que fortalezcan la unión entre ambos, recuperando así la cercanía amorosa e incluso sexual.
  • Reorganizar el tiempo, es decir, ocupar esos espacios en los que antes la dedicación era exclusiva para los hijos.
  • Retomar el encuentro con las amistades y realizar actividades de entretenimiento para así evitar caer en bajones anímicos.
  • Tener en cuenta los aspectos positivos que se acabaron con la marcha de los hijos y también reconocer todo lo bueno que está por llegar en la nueva etapa.
  • Alegrarse por el importante paso que están dando los hijos y ofrecerles el apoyo de padres en todo momento.
  • Si la situación finalmente no se supera, lo mejor será acudir a un especialista en el área para obtener ayuda profesional.

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