El lado alegre de la tristeza

Aunque nos neguemos a reconocerlo, estar triste por tiempos acotados y de forma moderada tiene sus beneficios.

24 MAY 2017 · Lectura: min.
Imágenes: Shutterstock.

"Sonríe, ¡es gratis!" dice un cartelito que ocupa diversos espacios públicos, tanto reales como virtuales. Y hablando del mundo digital, esta idea de la felicidad eterna e imperturbable también se extiende, e incluso magnifica, en las redes sociales: un rápido vistazo de las fotos de nuestros contactos seguramente se puede resumir en conceptos como alegría, amor, buen ánimo y goce ilimitado… aunque la realidad cotidiana no siempre sea tan maravillosa.

Dicho fenómeno es, en parte, una consecuencia de la estigmatización de los sentimientos negativos dentro de nuestra sociedad, la que tiene una clara noción como trasfondo: estar triste es malo, debe evitarse a toda costa, no es sano.

Sin embargo, una serie de investigaciones en todo el mundo contradicen esta idea tan instaurada en la actualidad.

¿Cuál es el objetivo de la tristeza?

Los psicólogos que estudian cómo nuestros sentimientos y comportamientos han evolucionado a lo largo del tiempo sostienen que todos nuestros estados afectivos (es decir, los estados anímicos y emociones) tienen un rol útil: alertarnos sobre situaciones en el mundo a las que debemos responder.

De hecho, el rango de emociones humanas incluye mucho más sentimientos negativos que positivos. Las emociones negativas tales como el miedo, la rabia, la vergüenza o la molestia son útiles porque nos ayudan a reconocer, evitar o superar situaciones amenazantes o peligrosas.

Pero, ¿cuál es el punto de experimentar la tristeza, probablemente la emoción negativa más común?

Una tristeza intensa y permanente, cercana a una depresión, es obviamente un trastorno serio y debilitante. Sin embargo, un mal ánimo temporal y moderado puede cumplir un propósito adaptativo importante y muy útil, al ayudarnos a lidiar con las situaciones difíciles y desafíos cotidianos.

También puede actuar como una señal social que comunica falta de compromiso, renuncia a la competencia y provee un caparazón protector. Cuando nos mostramos tristes o con mal ánimo, las personas usualmente están preocupadas y tienden a ayudar.

En tanto, otros estados anímicos negativos como la melancolía y la nostalgia incluso pueden ser placenteros y parecen proveer información útil para guiar los planes futuros y la motivación.

La tristeza también puede resaltar la empatía, la compasión, la conexión y la sensibilidad moral y estética. Además, este sentimiento es un reconocido gatillante de la creatividad artística.

Algunos experimentos científicos recientes documentan los beneficios de un estado de ánimo bajo y moderado, el que habitualmente trabaja como señal automática y de alarma inconsciente, promoviendo un estilo de pensamiento más atento y detallado. En otras palabras, un mal estado de ánimo nos ayuda a estar más alerta y enfocados en las situaciones difíciles.

En contraste, un ánimo positivo (como sentirse feliz) típicamente sirve como señal para indicar situaciones seguras y familiares, lo que resulta en un estilo de procesamiento menos detallado y atento.

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Beneficios psicológicos de la tristeza

Existe evidencia creciente que indica que los ánimos negativos, como la tristeza, tienen beneficios psicológicos. Para demostrarlo, los investigadores primero manipularon los estados anímicos de las personas (al mostrarles películas felices o tristes, por ejemplo), y luego midieron los cambios en el desempeño en varias tareas cognitivas y comportamentales.

En definitiva, sentirse triste o con mal ánimo produce una serie de beneficios:

Mejor memoria

En uno de los estudios, un mal estado anímico (causado por mal tiempo) provocó que las personas recordaran mejor los detalles de una tienda que recién habían visitado. Un mal ánimo también puede mejorar los recuerdos de testigos oculares al reducir los efectos de diversas distracciones, como la información irrelevante, falsa o engañosa.

Juicios más precisos

Un estado anímico malo y moderado también reduce algunos sesgos y distorsiones en cómo las personas forman sus impresiones. Por ejemplo, los jueces levemente tristes tuvieron impresiones más precisas y confiables sobre otros porque procesaron detalles de una manera más efectiva.

Los investigadores descubrieron que los estados anímicos malos también reducen la candidez y el escepticismo creciente cuando se evalúan rumores y mitos urbanos, e incluso mejoran la habilidad de las personas de detectar la decepción de manera más precisa.

Las personas que atraviesan por estados anímicos malos y moderados también son menos propensas a fiarse de estereotipos simplificados.

Motivación

Otros experimentos descubrieron que cuando a los participantes felices y tristes se les pidió desempeñar una tarea mental difícil, aquellos con mal ánimo la llevaron a cabo con más ahínco y perseverancia. Asimismo, invirtieron más tiempo en la tarea, contestaron más preguntas y obtuvieron más respuestas correctas.

Mejor comunicación

El estilo de pensamiento más atento y detallado promovido por un mal ánimo también puede mejorar la comunicación. Descubrimos que las personas en un estado anímico bajo usaron argumentos persuasivos de manera más efectiva para convencer a otros, fueron mejores en entender frases ambiguas y se comunicaron mejor al hablar.

Justicia en aumento

Otros experimentos revelaron que un mal ánimo moderado causaba que las personas prestaran mayor atención a las normas y expectativas sociales, y que trataran a otros de un modo más justo y menos egoísta.

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Contrarrestando la cultura de la felicidad

Al exaltar la felicidad y negar las virtudes de la tristeza, establecemos una meta inalcanzable para nosotros mismos, explica el profesor de Psicología de la Universidad de Nueva Gales (Australia), Joseph Paul Forgas: "Podríamos estar causando más decepción que otra cosa, algunos dicen que hasta depresión".

También es cada vez más reconocido que estar con un buen estado anímico, a pesar de sus ventajas, no es universalmente deseable:

"Sentirse triste o con un mal estado anímico ayuda a enfocarnos mejor en la situación en que nos encontramos, así que aumenta nuestra habilidad de monitorear y responder satisfactoriamente a situaciones más demandantes".

Estos hallazgos sugieren que la inacabable búsqueda de la felicidad puede ser contraproducente. Por supuesto, esto en ningún caso quiere decir que debemos vivir con amargura, un ánimo bajo o sin sentimientos positivos; pero sí sugiere que una evaluación más balanceada de los costos y los beneficios de un estado anímico positivo y uno negativo es muy necesaria.

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