Alejandra Bernal, “los niños cuentan las cosas que los adultos callan”

La psicóloga experta en psicoterapia, Alejandra Bernal, comparte con nosotros algunas de sus principales conclusiones en más de 20 años de experiencia.

17 MAY 2016 · Lectura: min.

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Alejandra Bernal, “los niños cuentan las cosas que los adultos callan”

Antes de comenzar nuestra entrevista sobre  terapia familiar, la psicóloga clínica Alejandra Bernal nos hace una aclaración:

"La terapia da espacio para los multiversos. Las personas somos distintas, las parejas y las familias también. Desde ese punto de vista suelo encontrarme mucho más con diversidad que con posibilidades de generalizar, aunque por supuesto tengo pautas para mi trabajo, formas en las que comienzo la terapia y también cosas que tiendo a no hacer".

Y sobre esos modos de abordar las sesiones psicoterapéuticas con familias durante más de dos décadas trató la siguiente entrevista, concedida por Alejandra, quien actualmente trabaja desde su consulta privada en la ciudad de Viña del Mar:

¿Cómo se estructura una sesión de terapia familiar y cuáles son las dinámicas más comunes que sueles recibir?

Independiente de si las personas piden terapia de familia o de pareja o individual, es en la primera sesión donde uno como psicólogo ve dónde se ubica el problema o el dolor, así que a veces llega la familia y uno termina haciendo terapia de pareja, o llega una persona sola y uno termina haciendo terapia de familia, etc.

Lo más común es que los papás o algún adulto pidan la hora, pero las terapias familiares se realizan por varias cosas, no necesariamente por algún problema con un hijo niño: muchas tienen que ver con duelos, por alguno de los padres, abuelos, hermanos o alguien del círculo íntimo de la familia. También se hace terapia de familia cuando está ocurriendo o ha ocurrido una separación entre los padres. Existen otros casos en que la razón es una enfermedad compleja de uno de los integrantes de la familia, cáncer o enfermedad invalidante o de salud mental. En rigor, cualquier cosa que impacte fuertemente a la familia y a la que sus integrantes o alguno de ellos no estén pudiendo hacerle frente de buena manera, ya que están muertos de miedo o de enojo o de pena o de todas esas cosas juntas.

Si son los padres quienes te contactan por un problema con un hijo, ¿la terapia la comienzas con los tres, prefieres hablar en privado con el hijo o tener una sesión previa sólo con los padres?

Cuando se da el caso de una familia que tiene problemas con su hijo pequeño o adolescente, las personas a cargo llaman pidiendo directamente una sesión de familia. Otras, explican que tienen un problema con alguno de los hijos, pensando en que podrían venir solos. En cualquier caso, siempre intento que la primera entrevista sea con la familia completa en sesión, incluyendo guaguas o parientes que vivan dentro de la casa.

La idea es hacer un primer acercamiento a toda la familia, escuchar cómo viven, quienes son más cercanos a quien, qué cosas manejan, si hay secretos familiares, etc.

Esa primera radiografía es muy interesante para uno como psicólogo, y también para los adultos, porque de repente se dan cuenta que sus hijos saben mucho más de lo que ellos creen o quisieran que supieran. En general, los niños hablan y cuentan las cosas que los adultos han callado, y en muchas veces, eso tiene directa relación con el problema por el que vienen.

La teoría sistémica, que está prácticamente detrás de cualquier terapeuta familiar, dice que cada integrante tiene un rol, que es intransferible mientras viva en esa organización, por lo tanto es importante conocer a todos y ver cuál es el rol que juegan.

En la medida de lo posible intento no escuchar a los adolescentes solos conmigo, porque no le veo ningún aporte a la terapia: si hay algo, por ejemplo, que no quiere decirle a sus papás y me lo cuenta solo a mí, yo también quedo atrapada en el secreto, y eso no le sirve a nadie de la familia.

Mi objetivo no es tener la mayor cantidad de información, sino que ellos resuelvan el problema que están teniendo, y para eso debo promover la comunicación, que se digan, que se escuchen, que se sepan entre ellos.

¿Qué suele estar detrás de una solicitud de terapia familiar?

A veces pasa, y es bien común, que la hora es pedida porque uno de los hijos está haciendo algo, pero en las sesiones comienza a aparecer paralelamente un problema de pareja, infidelidad o amenaza de separación o lo que sea. Eso uno debe chequearlo idealmente dentro de la primera sesión, para lo cual se cita a la pareja, sin los hijos, para hablar de aquellas cosas que solo pueden hablar esas dos personas a solas.

En ese caso uno debe ver si el problema familiar es consecuencia de un problema de pareja no resuelto (donde los hijos están sirviendo como voladores de luces), o si está efectivamente ocurriendo en paralelo, para ver si lo que hay que hacer es o no una terapia de familia o de pareja.

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La psicóloga Alejandra Bernal tiene más de 20 años de experiencia en terapia familiar y atiende en su consulta de Viña del Mar.

En tu experiencia, ¿has notado alguna tendencia en el último tiempo respecto al tipo de consultas que recibes en el ámbito de la terapia de familia? Por ejemplo, casos de hijos que maltratan (física o verbalmente) a sus padres, crisis derivadas de la cesantía prolongada de uno de los progenitores, desapego entre padres e hijos, familiar con una enfermedad grave o una adicción...

No, ninguna tendencia en particular. Todo lo que nombras llega a la consulta. Sí podría decir, como curiosidad, que cuando hay pequeños maltratadores o pequeños "tiranitos", y uno lo ve dentro de la sesión, los papás más bien lo invisibilizan, y aunque sea evidente que el niño los maltrata, física o psicológicamente, los papás no hacen nada para detener o manifestarse haciendo un frente común con ese comportamiento.

Parecieran tener susto al poder, y se resisten o son muy temerosos a ejercer su autoridad, como que eso fuera a causarle algún daño al niño. Eso pienso que tiene explicaciones sociológicas, que algo nos ocurrió como cultura.

En la actualidad, ¿es apropiado hablar de "familias disfuncionales"?

Entiendo que hay algunos psicólogos que siguen ocupando ese término, pero hace mucho que se ha cuestionado primeramente porque la contraparte, "la familia funcional", sería difícil de conceptualizar.

En rigor somos familias que hacemos lo mejor que se nos ocurre, con las historias y los saberes que tenemos y con las cosas que nos van ocurriendo. Llevo casi 20 años haciendo psicoterapia y todas las familias que he visto hacen su mejor esfuerzo.

En general, las familias vienen con una historia donde, en el afán de "hacerlo bien" como papás, los buenos tratos son dejados de lado. De ahí que la terapia también es un espacio de aprendizaje, de lo que a ellos les resuena o hace sentido, para que puedan ser papás e hijos desde el "amor", como lo plantea Maturana, con la disposición de aceptar a otro distinto y legítimo en la convivencia. Eso conlleva mejoras en el bienestar y la salud mental de la familia y de cada integrante en particular.

¿La terapia familiar suele ser complementada con terapias individuales?

En general diría que no, pero sí hay lugar en la terapia para hacer "espacios personales".

Por ejemplo es muy común que, en una terapia familiar, el padre cuente su historia, cómo fue su vivencia como niño, cómo eran sus padres, cómo era su vida y qué cosas eran importantes para ellos, donde los hijos escuchan atentamente a este padre, como viendo por la ventana una sesión de él.

En esos espacios ocurren cosas bien lindas porque escuchan a un padre distinto, a un padre imperfecto, con ganas de hacer las cosas bien, con una mochila de lealtades hacia los suyos, que alivian a quien lo escucha porque comprenden desde dónde viene, y eso da espacio para mucha ternura.

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Imagino que lo más común es que los padres sean quienes buscan una terapia familiar para hacer "entrar en razón" a un hijo respecto a un tema particular. ¿Es posible que a través de una terapia familiar sean los padres quienes descubran que estaban equivocados en su forma de ver algún tema?

No creo que exista la "equivocación" como concepto. Sí ocurre que al hablar de una acción, vemos también cuáles son sus costos. Por ejemplo, a padres muy autoritarios con hijos adolescentes que no permiten ninguna flexibilidad en sus límites, entonces vemos como una acción que pretende ser de cuidado –"no te dejo salir porque tengo miedo que algo malo te ocurra"— tiene como costo que este hijo, al no sentirse escuchado por sus padres, termina no siendo cuidado por éstos porque, ante esta actitud de los padres, el hijo se rebela y se aleja, quedando sus padres en un lugar muy distante cuando lo único que querían era estar cerca.

Si uno parte criticando a los padres, éstos se sienten atacados y se ponen a la defensiva, por lo tanto uno debería partir por entender por qué hacen lo que hacen para ver después si están consiguiendo su objetivo ("quiero cuidarlo", "quiero que no sufra", etc.), con lo que están haciendo.

Esto genera un espacio emocional no vulnerable sino que comprensivo, donde mi labor es colaborar con sus deseos de cuidar, quizás cambiando las formas del hacer, y ahí van apareciendo las herramientas que necesitan.

Si pudieras hacer un perfil de la típica familia chilena que busca terapia, ¿cómo sería?

Difícil pregunta.

Supongo que somos una sociedad en tránsito que viene de modelos tremendamente tradicionales de familia, partiendo por la diferenciación en género: los hombres son los proveedores, fuertes, brutos y poco cariñosos, mientras que las mujeres son las criadoras amorosas y siempre dispuestas. La familia está compuesta por un único padre, una sola madre y hermanos, los abuelos cuidan y no trabajan. Las personas se casan y se quieren para toda la vida…

Hay un modelo judeo-cristiano muy poderoso y muy perfecto que nos culpabiliza mucho, porque en el hacer no estamos siendo esa familia que "deberíamos ser". Los hombres no son los únicos proveedores (a veces tampoco quieren serlo), y las mujeres están siendo muchas cosas a la vez y es imposible ser perfectos. Las familias son ensambladas (los tuyos, los míos y los nuestros), o a veces están compuestas por mascotas y no humanos. O los abuelos no pretenden convertirse necesariamente en cuidadores.

Entonces la familia que llega a terapia, llega en este tránsito complicado, sintiendo que no son lo que se espera de ellos o lo que ellos esperaban de ellos mismos.

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