La cocina como herramienta terapéutica

Potenciar el autoestima, distraer y aumentar la conciencia sensorial son algunos de sus beneficios.

21 MAR 2018 · Lectura: min.
La cocina como herramienta terapéutica

Más de alguna vez hemos escuchado a alguien decir "me gusta cocinar porque me relaja". Pues esa frase no es sólo un decir, es una realidad: La cocina es una herramienta terapéutica.

Por su puesto que cocinar para 200 personas o por obligación porque en una hora más tendremos visitas, no será nada desestresante. Pero sí lo será si nos tomamos un tiempo, buscamos una receta y disfrutamos de la experiencia.

¿No lo cree? Pues muchos psicólogos coinciden en que la cocina es una buena forma de enfrentar la depresión, la ansiedad, el estrés, entre otros problemas, y sin la necesidad de tomar medicamentos o invirtiendo grandes cantidades de tiempo.

De hecho, recientemente el diario Wall Street Journal escribió sobre los cursos de cocina que utilizan como terapia algunas clínicas médicas y de salud mental.

Esto, porque cocinar distrae a las personas de sus problemas y les permite alcanzar una meta a corto plazo, lo que provoca satisfacción, sobre todo si estamos cocinando para nuestros seres más queridos.

Si no somos muy buenos cocinando, pero nos disponemos a aprender, estaremos haciendo un excelente ejercicio para potenciar nuestra autoestima y seguridad en nosotros mismos, pues estaremos saliendo de nuestra zona de confort. Además, ver cómo vamos evolucionando y mejorando, nos hará sentir una gran satisfacción personal.

Otro beneficio es que al cocinar activamos todos nuestros sentidos: Tacto, olfato, vista, oído y gusto, por lo que se transforma en una experiencia sensorial muy placentera, sobre todo cuando terminamos y ya podemos comer nuestra preparación.

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Al preparar una receta también echamos a andar nuestra creatividad, pues tenemos que decorar, improvisar si nos falta algún ingrediente, probar cómo queda la mezcla de dos sabores, etcétera, pero sin duda lo que más ponemos en práctica es la paciencia y la concentración.

Paciencia, porque muchas veces una preparación requiere que se refrigere durante dos horas antes de la siguiente etapa o porque hay que dejar reposar la masa; y concentración, porque tenemos que estar atentos a los tiempos y a los pasos de nuestra receta.

También es un buen ejercicio para resolver dificultades, por lo que la cocina incrementa tu capacidad de tomar decisiones. ¿El queque no está listo a los 20 minutos como dice la receta? ¿El rissotto no tiene mucho sabor? Pues tendrás que improvisar y resolver el problema en el momento, lo que te hará poner en práctica tu capacidad de resolver imprevistos.

Por otra parte, cocinar en pareja o con los hijos favorece la cooperación y la comunicación, pues tendrán que coordinarse, decidir quién hará el glaseado, por ejemplo, quién hará la masa y quién decorará.

Por último, cocinar es una excelente forma de activar nuestras redes neuronales y de esta forma prevenir la aparición de enfermedades cerebrales neurodegenerativas, sobre todo si estamos constantemente aprendiendo nuevas recetas.

Como verás, los beneficios psicológicos y sociales de cocinar son múltiples y es una excelente manera de lograr un aprendizaje integral que potencie nuestro desarrollo personal.

"La cocina es la alquimia del amor" (Guy de Maupassant).

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