Realizada por Daniela Gonzalez · 29 jun 2026Agresividad
He golpeado a mi hijo... He buscado terapia pero siento que no me sirvió de nada... Explotó y es como que sale un demonio. No es siempre, generalmente soy tranquila, ha ocurrido una 5 veces, el tiene 8.. Pero no sé que me pasa. Ayúdenme por favor!
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Mejor respuesta
2 JUL 2026
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Entiendo profundamente el dolor, la desesperación y la valentía que se necesitan para escribir ese mensaje. Reconocer esto es el primer paso, el más difícil y el más crucial para generar un cambio real. Como especialista quiero decirte algo: No eres un monstruo, eres una madre que se encuentra completamente desbordada y que necesita herramientas urgentes que hasta ahora nadie te ha sabido dar.
Ese "demonio" que describes es, en realidad, una respuesta de supervivencia hiperactivada. Cuando el sistema nervioso colapsa ante el estrés acumulado, la mente racional se apaga y el cerebro reptiliano (el encargado de atacar o huir) toma el control absoluto en milésimas de segundo. No justifica el daño al niño —el cual debemos detener de inmediato—, pero explica por qué sientes que pierdes el control de ti misma. El hecho de que seas una persona tranquila habitualmente confirma que esto no es falta de amor, sino un cortocircuito por saturación emocional.
Para empezar a cambiar esto hoy mismo, vamos a trabajar en un plan de acción inmediato estructurado en tres niveles:
1. Plan de Emergencia Inmediata: Romper el Ciclo
Cuando sientas que la ira sube por tu cuerpo (palpitaciones, calor, tensión en la mandíbula), tienes que intervenir antes de que el "demonio" salga. En ese punto, razonar ya no sirve; hay que actuar en el cuerpo.
En el instante en que sientas el impulso, date la vuelta y camina a otra habitación. Dile a tu hijo con voz firme, pero sin gritar: "Mamá está muy enojada en este momento y necesita un momento a solas para calmarse". Cierra la puerta. El niño de 8 años está seguro en la otra habitación; tú necesitas regularte.
La ira es energía física acumulada. Si necesitas golpear, golpea un cojín con todas tus fuerzas, rompe un papel periódico, o aprieta fuertemente una toalla retorcida. Saca la fuerza física del cuerpo de manera que nadie salga herido.
Lávate la cara con agua muy fría o sostén un hielo en la mano. El cambio drástico de temperatura activa el sistema nervioso parasimpático, que actúa como un freno de mano biológico para la rabia.
2. Comprensión y Prevención
Esas 5 veces que ha ocurrido no nacieron de la nada. La explosión es la punta del iceberg; abajo hay una acumulación de cansancio, frustración, culpas o heridas de tu propia historia que actúan como pólvora.
Empieza a notar qué pasa los días de las crisis. ¿Estás más cansada? ¿Ocurre a la hora de dormir o con las tareas escolares? Si identificas el patrón, puedes anticiparte.
Si vives con el estrés al 99%, cualquier chispa te hará explotar. Necesitas delegar, pedir ayuda o encontrar espacios mínimos de autocuidado. Una madre agotada crónicamente no tiene paciencia disponible.
3. Sanar el Vínculo y Reparar
El error ya ocurrió, pero lo que hagas después de la tormenta es vital para la salud mental de tu hijo y la tuya.
Cuando estés completamente en calma, habla con él. Míralo a los ojos y dile: "Hijo, lo que hice el otro día estuvo mal. Mamá se enojó mucho, pero tú no tienes la culpa de mi enojo, y mi trabajo es protegerte, no lastimarte. Estoy buscando ayuda para que esto no vuelva a pasar". Esto le enseña que el error fue de la conducta de la madre, no de su valor como hijo.
Mencionas que la terapia anterior no funcionó. En el ámbito clínico sabemos que no todos los enfoques sirven para lo mismo. Para el control de impulsos y la ira parental, los enfoques tradicionales basados solo en "hablar" a veces se quedan cortos. Te sugiero buscar especialistas con enfoque Cognitivo-Conductual, terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) o psicoterapeutas formados en Regulación del Sistema Nervioso / Enfoques Somáticos. Necesitas especialistas que te den herramientas prácticas de autorregulación.
Te abrazo a la distancia en este momento tan difícil. Tuviste la fuerza para pedir ayuda, ahora usa esa misma fuerza para proteger a tu hijo y sanarte a ti misma. Este comportamiento se puede desaprender. Estoy aquí para acompañarte si decides iniciar este proceso de manera profunda conmigo que soy especialista en enfoque somático y TCC.
13 JUL 2026
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Hola, Daniela.
Antes que todo, gracias por atreverte a pedir ayuda. Imagino la culpa y la angustia que debes sentir al escribir este mensaje.
Quisiera decirte algo importante: **el hecho de que reconozcas lo que está ocurriendo y quieras cambiarlo habla de una madre preocupada por el bienestar de su hijo**. Eso no quita la gravedad de lo ocurrido, pero sí significa que estás dando el primer paso para detener este patrón.
Por lo que relatas, pareciera que en esos momentos pierdes el control emocional. Eso puede trabajarse. Te recomendaría buscar nuevamente apoyo psicológico, idealmente con un profesional que te ayude a desarrollar estrategias de regulación emocional y estrategias de crianza respetuosa. A veces no encontramos el enfoque terapéutico adecuado en el primer intento, y eso no significa que la terapia no pueda ayudarte.
Mientras tanto, si notas que estás a punto de explotar, intenta detener la interacción unos minutos, asegurándote de que tu hijo esté en un lugar seguro. Es preferible hacer una pausa para recuperar la calma que corregir desde la rabia, porque cuando estamos desregulados es mucho más difícil tomar buenas decisiones.
También es importante aprender nuevas formas de poner límites. Los niños pueden tener conductas muy desafiantes, pero existen estrategias conductuales que son mucho más efectivas que los golpes y, además, fortalecen el vínculo entre padres e hijos.
No esperes a que vuelva a ocurrir para pedir ayuda. Con el acompañamiento adecuado es posible aprender a manejar esas emociones intensas y construir una forma de crianza más segura para ambos.
Te envío un abrazo y espero que puedas encontrar el apoyo que necesitas. Hay salida para esta situación.
3 JUL 2026
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Hola Daniela, primero que todo, hace bien en pedir ayuda, aunque haya tenido una mala experiencia previa de terapia. No es un demonio lo que aparece... con seguridad. Pero entiendo que pueda explotar. Me gustaría poder escuchar cuáles son los momentos en que sale de su tranquilidad, qué la gatilla, alguna actitud, alguna dificultad de su hijo, algo que le recuerda a usted misma de infancia? o a otra persona querida suya? Me es muy difícil formular una solución de la nada, pero si tiene interés, puedo ofrecerle un espacio para que busquemos elementos que le ayuden a abordar esas situaciones, manteniendo su tranquilidad y a la vez entendiendo que explotar es una respuesta a algo interno suyo que aparece frente a su lugar como madre.
Quedo atento a cualquier consulta
3 JUL 2026
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Estimada Daniela, gracias por comentar su preocupación.
Sería bueno saber cuánto tiempo estuvo en terapia y a que se refiere con que no le resulto.
Muchas veces sucede que golpear a un hijo tiene que ver con lo golpeada que puede haber sido la propia infancia y, quizás, más que del hijo se trate de hablar de si misma, lo que no siempre resulta fácil.
Al ir hablando y siendo escuchada se van encontrando aquellos demonios que no siempre se sabe de donde salen, ni qué hacer con ellos, especialmente cuando se trata de una persona habitualmente tranquila.
Como ayuda le sugiero volver a la psicoterapia, con la disposición de saber que se tratará de un proceso largo y complejo, tal como puede ser el relato de la propia vida.
Quizás con esa disposición inicial logre realizar un recorrido y trabajar aquellos aspectos que aparecen y no conoce de sí misma.
La invito a iniciar ese camino.
Saludos y ánimo, Ximena Arrau, Psicóloga Clínica Adultos.
1 JUL 2026
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Gracias por confiar y contarlo. Lo que estás viviendo requiere atención, pero tiene tratamiento. Lo más importante es proteger a tu hijo: si sientes que vas a perder el control, aléjate de la situación y pide apoyo a un adulto de confianza si es posible. En terapia trabajaremos para comprender qué desencadena estos episodios y desarrollar estrategias para prevenirlos. No estás sola en este proceso, pero es fundamental actuar ahora para resguardar la seguridad de tu hijo.”
Consejos :
* Si sientes que estás perdiendo el control, aléjate de inmediato de la situación.
* Pide apoyo a un adulto de confianza para que permanezca con tu hijo si lo necesitas.
* No intentes corregir o disciplinar cuando estés desregulada; retoma la conversación cuando ambos estén calmados.
* Identifica las señales que aparecen antes de explotar (tensión, rabia, aceleración) para actuar antes de perder el control.
* Si sientes que no puedes garantizar la seguridad de tu hijo, busca ayuda inmediata de tu red de apoyo o de los servicios de emergencia.
Puede ser exagerada la postura pero protegerlo es lo primero y paralelo hacerte cargo responsablemente de tu impulso .
Éxito
30 JUN 2026
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Lo primero es agradecer que hayas podido decirlo. No es fácil reconocer algo que genera tanta culpa y vergüenza, y el hecho de que estés pidiendo ayuda habla de que quieres que esto cambie.
Que hayas golpeado a tu hijo es una situación que requiere atención y no debería normalizarse, pero tampoco significa que estés condenada a seguir reaccionando así. Muchas veces estas explosiones están relacionadas con dificultades para regular emociones, estrés acumulado, experiencias personales no resueltas u otros factores que es importante evaluar.
Mientras comienzas o retomas un proceso de ayuda, es fundamental que cuando notes que estás perdiendo el control te alejes unos minutos de la situación, asegurándote de que tu hijo quede en un lugar seguro, para evitar que vuelva a ocurrir.
Si sientes que la terapia anterior no te ayudó, eso no significa que ninguna terapia vaya a hacerlo. A veces es necesario cambiar de profesional o de enfoque terapéutico hasta encontrar uno que se ajuste a tus necesidades.
Si estas explosiones están aumentando, aparecen impulsos que sientes que no puedes controlar o temes volver a lastimarlo, busca apoyo profesional de forma prioritaria y no enfrentes esto sola. Es posible trabajar estas reacciones y aprender formas distintas de responder.
Por ultimo, ¿Qué suele pasar en los minutos previos a esos eventos?, ¿Qué sientes en tu cuerpo, qué pensamientos aparecen y qué suele hacer o decir tu hijo en ese momento? Comprender esa secuencia suele ser el primer paso para cambiarla.